martes, 5 de enero de 2016

Esta es...

Si algo ha distinguido a estos meses fue haber descubierto tu vena compradora: Han sido idas y venidas a sitios "muy, muy lejanos", aguantando heroicamente el transporte público, haciendo largas colas, enfrentando la tensión de caminar y hacer malabares con los paquetes evitando que nos los arranchen; admirando nuestro ingenio y osadía para encontrar el camino en medio de lugares atestados y peligrosos; pero sobre todo, estar atento a no perderte y a  que no te pase nada...
Quizás en otras circunstancias, estas incursiones "al infinito y más allá", a sitios tan diferentes de Lima en busca de cosas insospechadas que "debías comprar ¡ya!" habrían resultado  penosas para cualquiera; sin embargo, esos momentos para mí, se convirtieron en espacios de encuentro y aprendizaje; en una forma de conocerte mejor e, increíble como suena, de amarte más.

-1-
-Señor, su mochila, por favor... dijo la joven que vigilaba la puerta de la enorme tienda.

-Sí, que la deje... -dijiste-  Porque ahí se puede llevar algo; ji ji. -añadiste mientras hacías unas de tus muecas. La joven, notando mi azoro, empezó a reír disimuladamente mientras tomaba mi mochila y la guardaba en un casillero... Yo por mi parte solo atiné a pasarte el brazo por el hombro y entrar a la tienda lo más rápido posible. 

-¡Caemos bien juntos! - me dijiste y empecé a sonreír también mientras veía que la vigilante aún seguía riendo. En realidad, no era la primera vez que una cosa así nos sucedía: durante estos meses de caminar juntos nos han pasado cosas similares con diversas personas: alguna con la que regateamos divertidos por un descuento que no salía, otra vez conociendo la vida y milagros de una atento vendedor en medio de una feria canina, o hasta encontrando taxistas amables de esos que son tan escasos... Siento que en todos esas ocasiones operaron cambios positivos en mí; el más evidente: haberme contagiado un poquitín de tu ángel y tu capacidad de transmitir cercanía y confianza a la gente; pues sin tu imaginarlo, has sabido limar mi rictus de señor seriote y has hecho de mí una persona un poco más sociable.

Es así cómo he descubierto con ilusión que a pesar de los mil un peros, sí podemos funcionar como uno ante los demás y tan solo eso esa ya una bendición.

-2-
Habíamos reído mucho comprando. Nos divertimos desde tu alusión de parecer dos cavernícolas "descubriendo el fuego" mirando asombrados cientos de productos de la tienda, entre telas, alfombras, espumas y tapizones y además;  pasando por la vergüenza de quedar como ignorantes al no ver tan clara la diferencia entre un metro lineal y uno cuadrado. Pero, lo más gracioso (y ridículo) sucedió, cuando yo, sujetando unos recibos entre los dientes y sin casi poder hablar, te ayudaba a diferenciar las medias de varias espumas, sosteniendo una tras otra y como podía, mientras tú me las seguías alcanzando diciendo: "¡Esta es...! No, esta... Tampoco... Esta sí es... Bueno, esta también es.." 

-3-
Tras mucho pensar, finalmente habías decidido qué comprar. De pronto, tras acariciar tu cabello, me quedé contemplándote y una sensación muy fuerte brotó de muy dentro... Sentí unas ganas enormes de abrazarte y prácticamente atajándote en tu camino a la caja, lo hice.

¡Esta es! - me dije mientras lo hacía... Y también, mientras lo hacía, no pude evitar que algunas lágrimas escaparan.


-4-
Es curioso descubrir que en medio de cosas tan triviales como comprar, siento que mientras mis lazos hacia a ti se hacen más fuertes, me asalta ese sinsabor irracional de pensar qué sería de mí si no estuvieras...

Hoy te vi y sentí más que nunca que, si alguna vez me atreví a creer en aquello de "pide que se te dará"; hoy sé que "se me dio" ¡y con creces!

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