-XI-
El ‘poderoso’ segundo año de secundaria tenía como profesor titular al Sr. Medina (el “Caballón”), un hombre con aires de líder y labia impresionante; un "emprendedor" adelantado a su tiempo, gran negociante y feliz organizador de viajes escolares.
Medina disfrutaba sentirse admirado y escuchado. Aspiraba a ser para nosotros, una suerte de Sócrates de los años 70 palabrero y ‘entrador’.
ebido a todas esas "cualidades", durante la hora semanal destinada a la Tutoría, el "Caballón" aprovechaba para convertir el aula de clase en su ágora, su espacio privilegiado para hacer alarde de sus dotes de orador, de consejero y conciliador frente a un público cautivo: nosotros.
Ahora que lo pienso, el “Caballón” Medina era una suerte de charlatán, medio redentor, medio cura frustrado, muy parecido a los “tele-pastores” que hoy inundan la TV de señal abierta y ‘venden’ la salvación eterna al mejor postor.
En el horario de clases, la tutoría se ofrecía en "la hora de OBE" u "Orientación y Bienestar del Educando". Así, cada viernes a la primer hora el profe Medina hacía gala de sus habilidades: ¡Cómo no recordar sus inflamados discursos, o sus arrebatadas arengas para defender nuestros derechos, cuando no, también nuestros reveses! Él lo sabía todo y nos ofrecía a todos y a cada uno, iluminadas e infalibles ‘respuestas’ a nuestras inquietudes. Además, por si fuera poco, también nos sabía embarcar en rocambolescas empresas. Una de ellas: reunir, en una quincena, ¡un kilo de precintos de seguridad de las cajetillas de cigarros!, dizque para ganar un premio que, según explicaba el Caballón, serviría para ayudar a un albergue de ancianos tuberculosos en un recóndito y olvidado pueblo de la selva; el cual, para más señas, había encontrado en su último 'tour de aventura’ que organizó por la Amazonía.
¿Se acuerda, profe?
Bueno, la verdad es que muchos nos entusiasmamos y empezamos a buscar como locos los cintillos de marras.
Es que, como dije, el “Caballón” era un proto gurpu de coach o medio brujo; aunque, para ser honestos, sus artes mágicas, frente a las de la Dora, dejaban al profe Medina más cerca a un simple encantador de serpientes. Pero igual, Medina se las arregló para mantener encantados a casi todos, incluido a mí.
Fue igual, como años más tarde, me hiciera seguir otro de su laya, all ‘hermanón’, don RBC. A este peronaje, en marzo del 85, convencido de que le ayudaría a fundar un canal "con corazón", le compré, usnado todos mis ahorros, mis unico "dolarillos" ahorrados con ahínco, treinta adcciones de su canal. Pero bueno, eso es otro cuento; sigamos con este, ya para acabar.

Habían pasado las vacaciones de medio año. Cierto día, en que supongo, el ‘Caballón’ estaba distraído o molesto por algún negocio que no habría caminado a su gusto, llegó a la hora de OBE y, sin haber preparado su clásica clase al puro estilo del ‘Discurso en el Politeama’, ni bien llegó, mostrando sus equinos dientes dijo: “Queridos muchachos: hoy, como cada día muy de mañana, subí hacia Dios y recé; al haerelo cerré mis ojos y visualicé en mi mente sus rostros… sí, los de cada uno de ustedes, mis alumnos. Y ¿qué creen? Sentí una voz, una voz que desde lejor me decía 'David, basta de palabras, ¡es bueno también escuchar! ¡Has dicho ya bastante!’ Por eso, después de reflexionar y reponiéndome del trance, nació en mí esta idea: ‘Como es la hora del Bienestar del Educando, ha llegado el momento preciso para que ustedes, mis muchachos, expresen sus cuitas y sus preocupaciones’. ¡Jóvenes, su tiempo ha llegado! Hoy su maestro ha venido a ser todo oídos. Aprovechen y hablen con confianza. Ya saben que yo estoy con ustedes; sus problemas, son mis problemas; sus razones, son mis razones, sus dudas, son… err, sí, alumno, ¿quiere hablar? Entonces, adelante.”
XII-
Adivinaron, fui yo quien levanté la mano. En verdad creí las palabras del profe y me animé a hablar: “Profesor, estamos preocupados con la profesora Dora. Lo que pasa es que en su clase de Lenguaje, no enseña casi nada. Habla de otras cosas y….” En eso, otros más levantaron las manos y Medina me interrumpió: “Muy bien, alumnos… ¡Exprésense! ¡Hablen libremente! Entonces, ¿quién sigue?”
Hubieron varios que hablaron: “Habla de cosas que no tienen nada que ver con el Lenguaje.”, “No leemos nada en el libro, mi mamá dice que para qué lo pidieron.”, “Nos trata como alumnos de 5º.”, “No explica, cree que ya sabemos todo y no entendemos sus exámenes.”, “El que trae mas recortes del periódico tiene más nota.”, “Casi nunca nos devuelve las pruebas y no sabemos cómo nos califica.”
El profe estaba callado y cada vez más pálido; creo que no esperaba la avalancha de reclamos y sólo atinaba a mostrar sus enormes dientes en una mueca que pretendía ser sonrisa. Me imagino que dentro de sí, se recriminaba: “Uy, en la que metí… Mejor me hubiera preparado. ¿Y ahora? ¡La Bruja! Dorita “tiene peso” en el cole. ¡Es la “catedral del la literatura lasallista…!”
Creo que Dios anduvo también distraído escuchando las lamentaciones del Caballón, pues las fuerzas del averno actuaron dirigiendo las piernas canijas de la Bruja y la hicoerin pasar pasar justo, justo, frente a nuestro salón. Medina, de reflejos rápidos, sonrió (ahora sí de verdad) y salió hecho un cohete del aula llamando a su colega.
Música "infernal", por favor…
-XI-
“Muchachos, ¡tenemos suerte! Como les he enseñado, lo mejor es hablar directo a la cara; entonces, he salido para invitar a la señorita Dora para que ustedes mismos, con toda libertad, puedan expresarle sus puntos de vista. Y ¿qué creen? Ella ha aceptado encantada. Entonces, adelante, colega… pero… ¿qué pasa?” Increíblemente, cuando la bruja se acercaba a la puerta del aula, ésta se cerró. Rápidamente la Bruja movió los labios (“Alahamora”), la puerta se abrió y entró. Medina dio un respingo, pero se recuperó y continuó diciendo: “Estimada colega, acérquese, aquí los alumnos tienen algunas inquietudes. Sé que será muy ilustrativo y saludable para todos escucharlas… Entonces…”
Nadie lo esperaba, fue una de las jugadas maestras del profe Medina; aunque, para nosotros, podía significar nuestra perdición. Solo algunos lo notaron. Un servidor, pobre soñador, siguió creyendo en las palabras del “Caballón”. Así, cuando la Bruja entró, lució su mejor sonrisa (¿?), se puso una mano en la cadera (¿?), se tocó el mentón con sus huesudos dedos, levantó una ceja y dijo: “A ver, señores, digan qué le preocupa; hablen, no más… Estoy aquí para escucharlos.”.- Para mí, sonó sincera, y una vez más creí. Me armé de valor y volví a levantar la mano.
-XIII-
Creo que la Bruja dijo algo bajito, ¡juro que la escuché! (“¡Confundus!”). Entonces empecé con mi perorata. ¡Una cantinflada total!: “Como ehhh... usted sabe.... y yo también sé... yo… yo soy alumno… su alumno de usted profesora, o sea…. usted profesora es profesora de mí.... mía... bueno de todos… pero… que sabemos que siempre… o sea antes… no antes, sino en otros salones… ha sido…. mejor dicho… esteee… es… como todos saben… y supongo que usted también sabe… que es profesora de 5º... porque es de 5º.... y esteee de las chicas… pero, o sea… no aquí… porque creo…. ¡No! … Usted sabe… que nosotros somos… mejor dicho… que no somos… pero allí… estee… en la universidad, sí son… o sea es profesora de chicas… por eso aquí nadie… esteee… pero… que la profesora Lara… o sea, la otra profesora…. nos leía y… esteee… usted claro… también sabe leer… creo…. No, sí…. esteee…. que nosotros debemos leer… que sabemos que usted… es una profesora… claro, que sabe mucho… pero que quizás… esteee no está llegando… aunque usted sí llega… pero, temprano… ¿no? porque tarde… este… bueno…no…. Lo que quería… esté… que supiera que los alumnos de 2º porque… este… no somos los de 5º…. Estee… o sea… ellos están en 5º... entonces profesora yo… esteee…”
Así sucedió y cuando, rojo como un tomate, terminé de hablar, esperando confiado que algunos de mis compañeros me secundara o que tradujera mi remedo de queja, todo fue en vano.
Primero, con el rabillo del ojo, y luego, volteando y mirando hacia atrás, no vi a nadie más que levantara la mano. Entoces, Dora fijó sus ojitos en mí y con sus dientecillos dibujando una sonrisita medio burlona, dijo: “Vamos señores, alguien que complete la tesis del señor; alguien que desee agregar algo que aclare las teoría de su compañero?” Nadie movió un pelo. Nadie dijo nada. Entonces, sí escuché a la Bruja diciendo quedo: “Finite Incantatem”
Obviamente, tampoco el profe Medina dijo ni pío. Sin pronunciar conjuro alguno (“Palalingua”, por ejemplo ), la Bruja también había dejado al locuaz "Caballón" con la lengua pegada al palada.
"Bueno, señores, ha sido un placer escucharlos. Gracias, colega, hemos tenido una experiencia muy ilustrativa.” Se dirigió a la puerta, cruzó el umbral, dijo “Fermaportus” y la puerta se cerró tras ella.
-XIV-
¡Cómo no! Ese año tuve un solo jalado en la libreta…Debo reconocer que la Bruja nunca dijo nada al respecto, nunca me trató mal, nunca me resondró ni hizo algo parecido; ella siempre fue extremadamente educada. Solo, al final del período, percibí el efecto de mis palabras: Un 09 que tuve que llevar a casa en mi libreta de notas del 3º bimestre… Pero igual, creo que fue lo mejor, aunque al principio no lo entendí, la experiencia me sirvió años después; aunque por entonces, lo sucedido solo me enseñó a “odiar” por un buen tiempo, a la lectura.
No exagero cuando digo que, aparte de los cuentos que leí gustoso en 1º año, el único libro que leí después en toda mi educación secundaria, aparte de los clásicos obligatorios, fue el “Romeo y Julieta” de Shakespeare.
Ese librito fue el primero y el único que compré y, de hecho era el único que existía, en una edición revieja de Editorial Universo, en la librería del cole, detrás de la iglesia... Pero poco me importó… Solo varios años después, cuando estaba en la academia pre-univesitaria sentí algo de vergüenza; pero, como allí daban más énfasis a las ciencias, pues daban preparación “exclusiva para Medicina”, ‘pasé piola’ y seguí adelante.

Solo cuando ingresé a la universidad y conocí a la “Chinita” (ver ‘Arriba las manos’) me di cuenta lo ignorante que era
¡Qué mal me sentía cuando enamorado de la ‘Chinita’! Ella era una ratona de biblioteca, la escuchaba hablar con deleite de mil y un historias con títulos y autores. Ella fue quien me revivió; por eso, entre las muchas cosas que le debo agradecer, la primera fue hacerme renacer para la literatura; sé que nunca pude ir en busca del tiempo y de los libros perdidos y menos recuperarlos; pero gracias a ella, hice un esfuerzo mayúsculo por intentarlo. Me puse como objetivo leer todo lo que pudiera, hasta hice varias listas de los libros que debía tener y, para lograrlo, guardé con gusto mis exiguas propinas y me propuse comprar y leer dos o tres libros al mes… Para mi suerte, por esos tiempos aparecieron los libros de “Oveja Negra” a buen precio; así que aproveché y me di una ‘nueva oportunidad’ con la literatura…

“多謝! (Dō zé!), mi querida “Chinita SRTC!”, gracias por el regalo que me permitiste. Y, finalmente, gracias a usted, Miss Violeta a quien sin querer he descubierto escribiendo estas líneas, como mi primer ‘amor fallido’ con tintes de novela… Gracias, también, Miss Dora, pues con lo que pasó, hasta con un ‘rojo’ en la libreta, aprendí que es mejor decir las cosas de frente… Con todo, fue bueno, pues al menos, uno ‘muere’ mejor, sabiendo de dónde vienen los tiros, ¿no?
Lo ultimito: Ya, “off the record”, gracias, a los libros que, a lo largo del tiempo, han constituido los lienzos de cientos de historias enmarcadas por algunas de mis tontas canciones de amor.